Palermo entre cumbres y despecho, el centroderecha está hecho pedazos

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La coalición se hizo añicos en vísperas de acontecimientos importantes.
Y será difícil de reparar.

Entre las cumbres, el despecho y los susurros por Palermo, donde todo está dicho y todo lo contrario, la verdad parece tallada en la arena de las buenas intenciones: el centroderecha está hecho pedazos y esto ya representa la medida de una derrota.
Esa zona política y cultural que ha atravesado los últimos años para criticar al alcalde Orlando -no sin razón- en la hora de entonces, cuando se trataría de proponerse como clase dirigente alternativa, se desmorona bajo la presión de las ambiciones personales y políticas.
Que navegan, sobre todo, hacia el sillón del Palazzo d’Orleans.
Aquí, quizás, está el mayor pecado, el error del lápiz azul: hacer aparecer a Palermo, con razón o sin ella, como un peón de cambio
por el objetivo considerado más importante, en el equilibrio nacional.

La coalición también puede encontrar un candidato unitario, in extremis (difícil), o presentarse con dos o tres candidatos y ganar lo mismo, hipótesis inversamente proporcional al número de opositores internos.
Pero será casi imposible borrar la huella de la diáspora que su pueblo, asombrado, está sufriendo.
Y será difícil hacernos olvidar que el Palazzo delle Aquile, hoy, vive del respeto de la luz reflejada en el Palacio de Orleans y la épica disputa por la reconfirmación de la candidatura de Nello Musumeci que una parte (Hermanos de Italia) pretende y que los demás ven como una hipótesis, cuando menos, cuestionable.

Últimas noticias informan que la cumbre inestable, invocado por Silvio Berlusconi, bien podría tener lugar.
La Liga, tras la percepción generalizada de un primer impacto absolutamente negativo, habría accedido a la reunión.
Pero está por saber si realmente se llevará a cabo y existen algunas dudas, sobre todo por los desarrollos posteriores al desmonte.
Ayer por la noche llegó una nota del secretario regional de Salvinian, Nino Minardo: “Los sicilianos merecen respeto: nadie puede imponer candidaturas sin la participación del territorio.
Ni de Roma, ni de Génova, ni de Milán.
Se necesita sentido de la responsabilidad para darle al Palermo una propuesta unificada de centroderecha.
Gracias a Matteo Salvini que fue el primero -como un verdadero autonomista- en dejar claro que no puede haber forzamiento arrogante”.
Una línea divisoria que aparece claro.

En el fondo queda la imagen de una comunidad pendenciera, incapaz de ponerse de acuerdo, ni siquiera por el ‘interés superior’ invocado por todos.
Toda una escisión porque los partidos que la componen están escindidos entre ellos y dentro de ellos.
En la Liga -aquí hay otros susurros, al margen de la cumbre- hay quien no querría a Cascio con el que también se ha pactado el billete.
En Fratelli d’Italia hay una acción que en cambio mira a Cascio, pese a la posible convergencia con Lagalla.
En Forza Italia la división es endémica y se suceden escenarios en cascada, más o menos políticamente beligerantes.

Un ‘manicomio’, un caos, las noticias, minuto a minuto, de una mayonesa enloquecida, en la que llega a perder la orientación.
Tanto es así que incluso un político tan experimentado como el meloniano Ignacio La Rusa puede caer en la red de confusión, en un esfuerzo por mantener la choza en marcha.
Estas son sus palabras para ‘El día de una oveja’, citadas por una agencia de lanzamiento: “¿Si en Palermo nominamos a Carolina Varchi? Estás en la pista pero también está Lagalla, que es un número de calle de centroderecha”.
¿Entonces la FdI bloquea la puerta a Cascio? Respuesta: “No, no es cierto que no queramos apoyarlo.
Queremos que el centroderecha se una con los administrativos”.
¿Todos para uno y uno para todos? Quizá sería más preciso decir: nadie para nadie y cada uno para sí mismo.

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