Mario Pupella: la funeraria, las lágrimas y el saludo

Qué gran espectáculo diste, Mario. Estás en el centro y haces el papel del difunto maravillosamente. parece real De hecho, todos están llorando, mientras tus labios están tallados en la sombra de la última sonrisa. No falta nada, cada detalle está cuidado al detalle. Las manos pálidas sosteniendo un rosario. El traje oscuro. Y tú que logras no moverte. Te quedas así, quieto y ausente, en tu presencia. Los que han masticado algo de alas y cortinas saben que la inmovilidad absoluta denota un talento supremo. Como el inmenso Eduardo que hace de difunto en Millonario de Nápoles. Y el sargento que estaba allí para arrestarlo, admirado por su coraje y habilidad, lo deja en libertad.