La “estrategia de la zarigüeya” de Alaimo: pero lo que el investigador siciliano Giovà se “ahoga” …

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¿Y si “Oblomov”, que languidece en el sofá mientras la vida se le escapa, estuviera escrito en Sicilia? ¿Y si el célebre escribano de Melville, el que se opone a esa clara negativa -“Preferiría que no”- se hubiera fijado en la Isla? La respuesta, en ambos casos, nos remite a la prosa del ecléctico escritor palermitano Roberto Alajmo, recién regresa a la librería con “La estrategia de la zarigüeya”, editado por Sellerio (y presentado ayer en Palermo en el Teatro Biondo).
Es un brillante thriller siciliano que distorsiona los clichés del género y trae de vuelta a la página a Giovanni Di Dio, conocido como Giovà, vigilante nocturno sin experiencia e investigador holgazán.

Alajmo -autor de ‘Palermo es una cebolla’, ‘El arte de ahogarse’, ‘Carne mía’ y ‘El verano del 78’- relanza a su protagonista tras el éxito de la primera encuesta, ‘Io non ci ci quise por venir” (Sellerio, 2021), proponiendo “Un carácter inadecuado para todo, sin horizonte de redención” que está en el centro de una historia intrincada y deliciosamente hilarante.
La historia comienza cuando, después de veinte años de noviazgo, Mariella, la hermana gemela de Giovà, anuncia el matrimonio inminente con Toni, destinado a regresar a Palermo después de tantos años en Turín.

Lo sabemos, casarse en el Sur es un asunto serio – “Bodas e hijos es el único negocio que lo resiste todo” – pero tras interminables preparativos y una lista de invitados acrecentada de manera anormal, Toni no se presenta en el altar y de la alegría pasamos a la incredulidad y la vergüenza.
Y así – «aunque no tengo intención y a veces prefiero hacer como la zarigüeya que finge estar muerto para escapar de los depredadores– Dependerá de Giovà, a su pesar, descubrir la verdad, dejando aflorar secretos candentes.

Alajmo, sorprende comenzar a leerla e inmediatamente reconocer su voz, en esa prosa azotada por el dialecto.
“Este es un gran cumplido.
Si pienso en Francesco Piccolo, Sandro Veronesi o Antonio Pascale, bastan unas pocas líneas para reconocerlos.
Para un autor es fundamental crear su propia voz y como libro tras libro he tratado tantos géneros diferentes, a veces tengo la impresión de ser una especie de ventrílocuo».

Por cierto, ¿cuántos matices tiene la historia de la Sicilia actual?
«Las facetas son muchas, todas verdaderas y dignas de ser contadas.
Hay una Sicilia más fabulosa, idílica y colorida pero resiste la historia de la mafia que, mientras tanto, se ha vuelto líquida pero mañana podría tomar otra forma y nunca podemos bajar la guardia.
Pero la realidad que más me preocupa es otra…».

¿Es decir?
“Despoblación.
La emigración del pasado fue como un derramamiento de sangre, los pobres se fueron en busca de un futuro, pero hoy asistimos impotentes a la huida de la clase dominante del mañana.
¿Quién gobernará esta isla mañana? Los jóvenes se van, me temo que solo quedan los peores.
Y para evitar malentendidos y controversias fáciles, yo también me meto entre los que todavía están aquí».

Un paso atrás al libro anterior, ¿cómo nació Giovà?
«Soy un lector de novelas policiacas -dice Alajmo, por teléfono desde Palermo- casi siempre insatisfecho porque siempre me encontraba frente a un protagonista y una corriente narrativa similar a ciertos esquemas.
Decidí escribir una historia policiaca que volcara los clichés del género, perfilando un personaje lleno de defectos, indolente e inadecuado para todo, incluso yendo más allá del binomio héroe/antihéroe».

¿Giovà recuerda a “nuestro” famoso Giufà?
“Absolutamente, la asonancia se enmascara en el nombre pero sigue y rinde homenaje a la figura del tonto de la tradición siciliana y árabe”.

Inevitablemente le pregunto, ¿cuánto de ella hay en este personaje?
«Mucho, diría un 25%.
Por ejemplo, el hecho de comer a escondidas y comer mal, prefiriendo la comida chatarra.
Y hasta la costumbre de tirar de la sábana con los dientes, por miedo a quedarme sin las fundas, es toda mía».

¿Sería perfecto Giovà, con su genuina indolencia, en las páginas de su famoso ensayo L’arte di annacarsi (Laterza, 2010)?
“Giovà es ciertamente una pequeña metáfora de Sicilia, especializada en el no hacer, en el no desequilibrar, el emblema de la inacción y por tanto, de la misma annacata”.

Y mientras se tambalea, las mujeres que giran a su alrededor son muy fuertes.
¿Un caso?

«La madre Antonietta, su hermana gemela Mariella, la tía Mariola, la peluquera vecina Mariangela e incluso la gata de la casa, Donnasummer, en realidad son todas con un carácter fuerte, las quería así.
Dentro de la familia siciliana suele prevalecer el matriarcado y me gustaba contarlo, aun sabiendo que Sicilia es muy variada y llena de contradicciones».

Dime la verdad, ¿tú también implementaste la estrategia de la zarigüeya?
“¿Hacerse el muerto para evitar problemas? Seguro que a todos nos habrá pasado al menos una vez, aunque por nuestro propio bien prefiramos quitar ciertos recuerdos y reírnos de ello».

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