De Sicilia a Milán laboratorio de pasta para niños con cáncer

– LICATA, 24 DE NOVIEMBRE – A los 10 años libró la batalla contra un raro sarcoma que, gracias al tratamiento de los médicos del Instituto Nacional del Cáncer de Milán, logró superar. Ahora, después de 26 años, quiso volver al Instituto Milanés para organizar el taller de pasta ‘Sonríe y haz pasta’ para niños hospitalizados. Es la historia de Alessandra Lauria, de 36 años, originaria de Licata, en la zona de Agrigento, que hace unos días lanzó una campaña de recaudación de fondos en productiondalbasso.com para hacer realidad su sueño.

“En ese momento no sabía qué era un tumor, pero recuerdo la primera vez que leí esa palabra e inmediatamente entendí que algo andaba mal, también porque mis padres ya no sonreían como antes. Mi mundo en color estaba literalmente oscurecido. “, dice Alessandra. Los tratamientos en Milán le permitieron recuperarse: “En ese Instituto recibí tanto bien y cariño -recuerda- los niños payasos de la asociación ‘Teodora’ me sacaban una sonrisa cada vez que entraban en la sala. En estos años siempre he quería poder corresponder a esos amables gestos recibidos de niño. De ahí la idea de llevar alegría, color y esperanza a los niños a través del mágico mundo de la pasta”. A los 19, Alessandra Lauria se fue de Sicilia. Primero Milán, luego Londres y Lisboa. Y, como buena siciliana, ha desempolvado la tradición de su abuela y ha hecho de su pasión por la pasta artesanal un oficio, organizando talleres. Hoy es un fabricante de pasta artesanal. En el Instituto Nacional del Cáncer de Milán, en cambio, el laboratorio para niños es totalmente gratuito, pero se ha lanzado una campaña de recaudación de fondos para sufragar los gastos.

“Gracias a las donaciones de quienes lo deseen, se cubrirán los costos de puesta en marcha del proyecto y su continuación, incluida la creación de kits de pasta”, explica Alessandra. “El arte mágico de transformar la harina y los huevos en tagliatelle, farfalle, ñoquis, además de ser un juego muy entretenido para los más pequeños, les ayuda a mejorar su destreza y crecer en armonía con los demás -añade-, por eso es importante transmitir el conocimiento de este arte involucrando a los niños en la cocina, como lo hacían nuestras abuelas”. .